Las Lagunas de Ruidera crean el parque natural más fecundo de Castilla-La Mancha Junto con las Tablas de Daimiel. Es un ecosistema húmedo, que se extiende por las provincias de Ciudad Real y Albacete.

Lo excepcional de este paraje es entre otras cosas la calidad de sus paisajes lacustres que contrastan bruscamente con los del ámbito geográfico del interior de la Península en los que aquellos se insertan, así como la riqueza de su marco vegetal y la avifauna.

Las lagunas están dispuestas de un modo escalonado a lo largo del perfil longitudinal del valle, esto es debido a la impermeabilidad de los materiales geológicos que afloran en el fondo del valle y que pertenecen al Triásico Superior y a la presencia de una barrera natural de composición tobácea construida por la precipitación de carbonatos provocada por las aguas del río y que cierra a modo de presa su cauce.

Es uno de los grandes y más importantes espacios lacustres europeos asociados a formaciones de toba. Otros similares son el lago de Bañolas, en Gerona y el conjunto de lagos escalonados de Plitvice, en Yugoslavia muy similar al de Ruidera. En ellos se registra un hecho geomorfológico de gran trascendencia y que tiene por protagonista a los peculiares procesos de precipitación de carbonatos originados, en el caso de Ruidera, por las aguas del Alto Guadiana y que son los responsables directos de la aparición de esta zona lacustre.

En el caso de Ruidera, no sería nada exagerado señalar que en su entorno, hasta hace muy poco tiempo, podía admirarse uno de los paisajes de mayor belleza y atractivo no sólo de Castilla-La Mancha sino de todo el territorio español. En efecto, el lento discurrir de la corriente del alto Guadiana serpenteando en su angosto valle, se remansa numerosas veces a lo largo de su recorrido en un rosario de lagunas; en ellas, sus represas naturales de toba eran antaño rebosadas y furiosamente desbordadas por el agua conformando así un conjunto de saltos y cascadas, cuya espectacularidad dependía del caudal del río y de la altura y amplitud de la barrera.

Cuando empieza a rayar el día y en los ocasos, estos parajes muestran su belleza con unos colores mágicos y maravillosos. De elegir la hora del atardecer, se gozará de un espectáculo cerca de las aguas realmente inolvidable. Merece la pena contemplar una puesta de sol, conmueve fácilmente la sensibilidad y el ánimo.

En estos momentos se pone en movimiento una inmensa variedad de aves y animales que llenan de ruidos melódicos el ambiente y hacen más agradable el tiempo que permanezcamos allí, si es que no alteramos la paz del lugar. También resultan impresionantes los reflejos que emiten las paredes roqueñas cuando el sol las enciende vivificandolas con colores y brillos que se reflejan en el agua como en un gran espejo. Es posible observar este efecto durante las tardes de primavera y verano. En el otoño, como un cambio mágico de color, los árboles y arbustos presentan un cromatismo excepcional.

Bajo esta zona hay todo un mundo en movimiento, que las aguas de la lluvia y de la nieve han construido como un entramado y misterioso sistema de cuevas horadadas en las entrañas de la tierra. Manando a través de ellas los canales subterráneos que dan origen a las Lagunas de Ruidera

 

 

 

 

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