La fantasmagórica figura de la Lechuza Común parece blanca cuando se la sorprende de noche con los faros de un coche; pero hacia el final del invierno, al escasear tanto el alimento que el ave se ve forzada a cazar durante el día, puede verse su verdadera coloración: pardo dorada con partes inferiores blancas.

Mientras caza la Lechuza no depende sólo de la vista. Por medio de diversos experimentos se ha demostrado que por su sentido del oído puede localizar a su presa en la más completa oscuridad.

Las poblaciones de estas aves son muy fluctuantes en número, principalmente en países de clima continental, donde los inviernos muy duros reducen a veces drásticamente la cantidad de Lechuzas Comunes. La gran capacidad reproductora del ave hace que pueda recuperarse con relativa rapidez, aunque en muchos lugares se advierte una progresiva disminución, posiblemente debida a la desaparición de viejos edificios donde pueda criar. No construye nido, sino que pone los huevos en un montón de «pelotas» que devuelve, hechas con los restos no digeridos de sus presas: pelos, plumas y huesos.

Identificación: Pardo dorado claro con cara y partes inferiores blancas; hembra ligeramente más grisácea.

Nidificación: Nido sin material; huevos puestos sobre egagrópilas; los nichos incluyen viejos graneros, edificios ruinosos, torres de iglesia, árboles huecos, frentes de canteras, haces de cereal y cajas anideras; puestas datadas en todos los meses excepto enero, aunque el periodo principal es de abril a mayo; pone, de 4 a 6 huevos blancos; incubación, alrededor de 33 días, sólo por la hembra; los pollos, son alimentados por ambos padres.

Alimentación: Ratones, topillos, ratas comunes, topos; pequeñas aves; escarabajos, polillas; ranas; a veces murciélagos y peces.

Hábitats: Ciudades y pueblos.

 

 

 

 

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