Las aguas de lluvia cuando vuelven a aflorar en superficie, después de un largo recorrido subterráneo, han modificado sensiblemente su composición química.

En su origen son más o menos puras pero al caer sobre la superficie del Campo de Montiel incorporan oxidos que al reaccionar con aquella forman ácidos, o integran ácidos orgánicos. Con la ayuda de ellos, el agua puede atacar químicamente los componentes solubles existentes en el roquedo calizo-dolomítico: la serie de fisuras y diaclasas presentes en los estratos jurásicos permiten la emigración del agua en profundidad que a su vez efectúa en ellos numerosas acciones de disolución; estas, a veces, alcanzan una cierta intensidad, dan lugar a pequeñas torcas, oquedades o cuevas, como es el caso de la famosa "Cueva de Montesinos", donde tiene lugar uno de los pasajes del Quijote.

En Ruidera existe un encadenamiento de todas las modificaciones señaladas, que originan la aparición de unas barreras naturales que represan el agua de cada laguna.

En los lugares de rompiente, donde la agitación conlleva una buena oxigenación y en los que la luminosidad se acentúa al hacerse más delgada la lámina del agua constituyen sitios idóneos para la colonización de especies vegetales cuya distribución se efectúa en función de la violencia de las aguas; así los musgos, se ubicarán, especialmente en zonas de gran agitación de la corriente, mientras que otras especies (juncos, etc.) se asentarán en posiciones más marginales (orillas, etc.), donde la actividad del agua es mucho menos enérgica.

 

 

{cont