Situado a 56 kms. de Albacete. Término más septentrional de la comarca y el más poblado. De cómodo acceso desde Madrid por Villarrobledo, desde La Roda por la N 312 y desde Albacete por la N 430. Ubicado en plena región cervantina. Los campos de Munera constituyen una auténtica delicia para la vista, con suaves curvas dibujando horizontes verdes de carrasca, viñas y olivos

Esta localidad fue históricamente núcleo de población rural que perteneció al amplio Alfoz de Alcaraz. Existen tres hipótesis de la procedencia etimológica del nombre de Munera: el investigador don Gonzalo Arias Bonet dice que la palabra Munera es el nominativo plural de la palabra latina Munus y que por tanto significa edificios públicos construidos y regalados por un particular. Estos edificios públicos podrían ser templos.

La segunda hipótesis es del académico de la Real de la Historia don Jaime Oliver Asín, que a su juicio la palabra Munera deriva del diminutivo árabe Munayira, que significaba atalaya pequeña

La tercera hipótesis propone que la palabra Munera procede del acto de regalo que el monarca reconquistador de estas tierras hizo a favor de su hija Doña Berenguela. Este término se lo regaló en calidad de dehesa y el nombre llevaría acento en la u (Múnera) lo que significaba "don", "regalo".

Alfonso VIII recién conquistada la zona se la cedió en calidad de Señorío al Arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada. Este Señorío se trasmitió a todos sus sucesores en el Primado de las Españas, más a título honorífico que otra cosa y es el motivo por el que Munera al igual que otras poblaciones de la zona pertenecieran a la diócesis de Toledo como enclave fuera de su perímetro. Esta situación permaneció durante setecientos cincuenta y seis años, exactamente hasta el 26 de julio de 1.966.

El señorío temporal de los arzobispos de Toledo sobre Munera duró hasta e año 1.371, en que Enrique II dio esta tierra al Marqués de Villena, cambiándosela al arzobispo de Toledo por el señorío de Talavera de la Reina, sin perder su jurisdicción religiosa sobre Munera.

Pretel Marín, en sus estudios sobre la zona, afirma que en 1.247 esta aldea recibió de su concejo matriz una dehesa acotada, conocida como la Dehesa de Doña Berenguela, probablemente comienzo del crecimiento de esta villa. Y será también el siglo XIII, cuando el propio concejo de Alcaraz lleve a cabo una tarea repobladora en ella, con la finalidad de conservar esta aldea dentro de su alfoz, y que no cayera en manos de la Orden de Santiago, que por aquel entonces pugnaba por conseguir mayores posesiones por estos despoblados del Campo de Montiel.

La historia medieval de Munera se halla condicionada por los distintos aconteceres políticos de la población que dependía, la poderosa población de Alcaraz. Durante el siglo XV las luchas y pretensiones nobiliarias que azotan estas tierras tienen también su reflejo en esta población: en 1.439, Munera es entregada a Juan Pacheco, marqués de Villena, en detrimento, bastante sensible, del concejo alcaraceño; también cayó en poder a mediados del siglo, de don Rodrigo Manrique, señor de las Cinco Villas, pero por poco tiempo, porque el marqués de Villena, apoyado por el monarca, conseguiría recuperar Munera en mayo de 1.452; al finalizar la guerra civil castellana entre partidarios de Isabel La Católica y los de Juana la Beltraneja, Alcaraz recuperaría Munera por haberse sublevado contra el marquesado de Villena; sería entonces, cuando su castillo fuera destruido. Munera se convirtió de esta manera, en granero del concejo alcaraceño, por tratarse de una de las tierras más ricas y prometedoras de la comarca.

Munera en calidad de aldea de Alcaraz iba creciendo y teniendo aspiraciones de independencia. Por otro lado a los monarcas ya no les interesaba perpetuar aquella posesión real y por ello decidieron dividir esta jurisdicción en "ocho cuartos de dehesa" que se llamaron "Don Benito", "los Morcillos", "Cerro Collado", "Asperilla", "La Lastra o Mingo Minguez", "San Bartolomé", "Lechina", y "las Zorizas". Estas porciones fueron vendidas a otros tantos propietarios en el año 1.548. El Concejo se quedó con San Bartolomé en calidad de Dehesa de Propios. Todo esto dio origen a la concesión del Privilegio de Villazgo el día 22 de enero de 1.548.

El privilegio fue concedido por Su Majestad el Rey Don Felipe II, siendo firmado "por la mano de su muy cara hermana la Serenísima Princesa de Portugal (María de Austria), siendo gobernadora de estos reinos". Este privilegio concedía "al lugar de Munera exención de jurisdicción de la ciudad de Alcaraz, haciéndole villa de por sí y sobre sí, con jurisdicción civil y criminal para ejercer en ella y una legua en su contorno".

Más tarde y por necesidades y conveniencias particulares, fue ampliada esa legua de su contorno en toda la mitad norte y mantenida en el resto.

El título fue concedido al promotor de esta idea Sancho López del Portal, quien fue nombrado Alférez Mayor de esta Villa con fuero de heredad y otras calidades como exención de pechos concejiles, uso de daga y espada en las reuniones del Concejo y derecho a nombrar sucesor y suplente.

De todas formas Munera siguió sujeta a las "Residencias" o tutela de los Corregidores de Alcaraz que hasta el año 1.740 estuvieron encargados de tomar cuentas y autorizar los presupuestos a los Regidores de la Villa.

Las "Residencias" fueron levantadas por el Rey don Fernando VI, previa entrega por el concejo de Munera de 400 ducados, según documento firmado el 4 de agosto de 1.746.

Paralelamente con el título de Villa, se concedieron unos privilegios y regalías determinados. Uno de ellos consistía en que el Concejo podía poseer un molino que se llamó "molino del Concejo".

En el año 1.616 se enajenaron de la Corona en beneficio del Concejo de Munera y por la cantidad de 103.212 maravedíes los privilegios de poseer una tienda, "un horno poyal de pan cocer" y los oficios de Correduría, Mojonería y Almotacén.

Otro de los curiosos privilegios otorgados al Ayuntamiento era el de poder nombrar anualmente un predicador a su gusto para el Adviento, la Cuaresma y las fiestas de la Virgen. Generalmente recaía este nombramiento en uno de los frailes del convento de Villarrobledo. El Concejo le pagaba los gastos de viaje, estancia, limosna e incluso les daba dos libras de tabaco y un "hornazo" por la Pascua de Resurrección.

El siglo XVIII, se constituye en el comienzo de una tradición textil en la localidad, donde los tejedores y cardadores constituían un elevado porcentaje del sector secundario.

Parroquia Mayor de San Sebastián. Construcción con dos zonas claramente definidas: una nave única y una cabecera con crucero. La primera consta de un amplio espacio rectangular dividido en cuatro tramos separados por gruesos arcos que sin duda definirían el primitivo templo con arcos de diafragma u artesonado de madera de tradición mudéjar. No obstante el edificio en el siglo XVI (la primitiva estructura no debió ser mucho más antigua), sufrió una notable transformación y entonces cada tramo se cubriría con una bóveda de crucería de traza gótica. Esta circunstancia daría el aspecto tan pesado y arcaico que tiene todo el conjunto del espacio interno. Después ya en época barroca, el templo se ampliaría en su cabecera articulándose un crucero y un nuevo presbiterio, en el sobrio diseño clasista.

A los pies se levanta una torre de sólido aspecto adornada en uno de sus frentes con un emblema de Carlos V. Al exterior el conjunto del templo destaca por su solidez acentuada por los pesados contrafuertes.

En los dos flancos laterales hay sendas y discretas portadas, siendo de destacar la que abre la plaza, de carácter gótico con un arco escanzano moldurado y apoyado en jambas con baquetones.

El templo guarda un buen relieve de carácter romanista de fines del siglo XVI con Santa Ana, La Virgen y el Niño.

Castillo de Munera. Restos de una antigua fortaleza islámica. No se sabe con exactitud la fecha de su construcción. Situado en el predio conocido como Los Casares junto al río Córcoles. Fue tomado por Alfonso VIII a los árabes, regalándoselo posteriormente a su hija doña Berenguela. Su demolición fue por orden de Isabel la Católica a principios del año 1.481 para restar poder feudatario al Marques de Villena con motivo de las luchas por la corona de España. Actualmente está en reconstrucción.

Situación: confluencia Ctra. Valencia – Badajoz km.387 y Ctra de El Bonillo.

Ermita de Ntra. Sra. de la Fuente. Se trata de una construcción barroca del siglo XVIII, de cruz latina y cúpula de crucero. Si bien a la fecha de hoy se encuentra algo transformada.

Situación: confluencia Ctra. Valencia – Badajoz km. 387 y Ctra de El Bonillo.

Molino de la Bella Quiteria. Molino de viento situado junto al río Córcoles, mandado construir por el periodista García Solana, Cronista Oficial de la Villa de Munera, en 1975, hace referencia al pasaje de "El Quijote" donde tuvieron lugar las célebres bodas de Camacho el rico con la bella Quiteria. En los años siguientes, se construyeron en la misma parcela, la "Casa de Basilio el Pobre" y la "Casa de Camacho el Rico", los dos personajes masculinos relacionados con la "Bella Quiteria". Tanto el molino como las dos casas, están dedicadas a museo del mobiliario y menaje, típicos de la región. La idea inicial, fue dedicar este conjunto a actividades culturales de todo tipo: exposiciones de pintura, tertulias literarias, etc. Pero sin duda, destaca el Concurso literario conocido como "Molino de la Bella Quiteria", donde se premian trabajos realizados tanto en poesía como en prosa. La particularidad del concurso es, que no se entregan premios en metálico, sino que los galardonados reciben unas valiosas piezas de cerámica, expresamente diseñadas para la ocasión por el ceramista conquense Adrián Navarro Calero.

Situación: confluencia Ctra. Valencia – Badajoz km. 387 y Ctra de El Bonillo.

Ermita de San Telmo. Ermita de formas toscas reducido tamaño y marcado carácter popular. Su emplazamiento fue elegido por don Antonio Aguado y su esposa doña María Santos Blázquez en el año 1.800. Es la más pequeña de España. Sus medidas así lo revelan: 2,08 m de altura desde el piso hasta el punto más alto de su irregular bóveda; 1,37 m de ancha, y 1,85 de fondo. Desquitando la que ocupa la mesa del altar, el espacio útil de esta ermita se queda en cuatro metros y ciento cuarenta centímetros cúbicos.

Está cavada en una gran roca que se alza en uno de los puntos más bellos del término municipal, al suroeste del casco urbano, junto al margen derecho del río Quintanar.

Fue edificada en agradecimiento por haberse salvado milagrosamente de un naufragio el año anterior el citado matrimonio

Encima de la puerta se encuentra una inscripción en la piedra que dice así: "Se hizo por don Antonio Aguado y doña María Santos Blázquez, su mujer. Año 1.800. Reinando Carlos III"

Situación: en el paraje de San Telmo a 7 kms. de Munera en dirección a Navamarín.

 
 

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