Situado a 65kms. al oeste de Albacete en el Campo de Montiel. Surcado por varios ríos como el Sotuélamos, y el Córcoles por el norte, el río Pinilla y los arroyos Sagés y Alarconcillo por el sur. El núcleo urbano está situado en el punto más alto de la comarca (1.068 m. de altitud).

Perteneció a la jurisdicción de Alcaraz, siendo repoblada por el concejo de esta ciudad, hacia el siglo XIII. En 1.439, la aldea de El Bonillo fue cedida a Juan Pacheco, favorito del Príncipe de Asturias (futuro Enrique IV) y que sería nombrado marqués de Villena, siendo así El Bonillo desgajado del concejo de Alcaraz, y constituyéndose en una pérdida bastante sensible para el propio concejo, por cuanto era una de las aldeas más ricas desde el punto de vista ganadero y agrícola.

Durante un breve período, también estuvo bajo el poder de don Rodrigo Manrique, señor de las Cinco Villas (mediados del siglo XV), pero Juan Pacheco logró recuperarla, gracias a la ayuda del Príncipe de Asturias. Tras la guerra civil castellana que surge entre los partidarios de apoyar a la reina Isabel, hermana de Enrique IV, o a Juana "la Beltraneja", hija de éste, Alcaraz se pronunciará a favor de la reina Isabel, sublevándose contra el marqués de Villena. Para ello, el concejo alcaraceño había pactado con los Reyes Católicos, la reintegración de los pueblos perdidos a manos de Pacheco. Tras la victoria de las tropas reales sobre el marqués, el concejo de Alcaraz entró victorioso en El Bonillo, su antigua aldea, en donde destruyeron los castillos, horcas y picotas, a fin de que ya nunca pudiera apartarse de su jurisdicción ni volver a caer en manos de otro noble.

De esta manera, Alcaraz recobraba una de sus aldeas más ricas y prometedoras, convirtiéndose en su granero en los años siguientes. A finales del siglo XV, El Bonillo está luchando por ser independiente, y empieza a surgir un grupo oligárquico que se va imponiendo lentamente al resto de vecinos, y se constituirá en el mayor beneficiario a la hora de lograr el villazgo unos años después. En respuesta a este proceso oligárquico, los vecinos comunes de El Bonillo elegirán ya a su síndico en la segunda década del siglo XVI.

El 27 de noviembre de 1.532 la Emperatriz Isabel concede a El Bonillo la facultad para sentenciar sus propias causas civiles, siempre que no excediesen de los 400 maravedies. La propia Emperatriz Isabel el 11 de enero de 1.534 le concedía la propiedad de la Dehesa Nueva. Finalmente, adquiere la condición de Villa de la mano de Carlos I, por una carta de privilegio dada en Barcelona el 12 de febrero de 1.538: "Haciéndole merced a la villa de El Bonillo de eximirla de la ciudad de Alcaraz donde era sujeta, y hacerla villa de sí y darle jurisdicción civil y criminal... y os damos poder y entera facultad para que podáis poner y tener, y pongáis y tengáis, horca y picota y cepo y cárcel y cuchillo y azote y todas las otras insignias de jurisdicción...".

El 20 de junio de 1.566 Felipe II ratificó la concesión echa por Carlos I, y amplió la jurisdicción "... Se le amplíe y acreciente de nuevo dos terceras partes de dos leguas vulgares que hay de término desde la villa de El Bonillo hasta el mojón de Villarrobledo que es junto a la ermita de Sotuélamos... y que la misma ampliación se le dé a la redonda y contorno de la dicha Villa de El Bonillo". Uno de los factores que condicionó el logro de su autonomía, fue la ampliación de cultivos de viña y cereal, que se dio a principios del siglo XVI, y que supuso la causa del raudo crecimiento de esta aldea (aunque también supuso el comienzo de enfrentamientos entre vecinos de esta aldea por la posesión de las nuevas tierras).

Durante el siglo XVIII, destacará en el sector secundario, donde los tejedores y cardadores constituían un porcentaje elevado de trabajadores. En la misma época, en el gobierno del municipio, se perpetúan las familias Guevara y Alfaro, titulares del condado de Balazote. Hacia la mitad de este siglo aproximadamente, podemos hablar de cierta bonanza, como lo demuestra que en 1.753, la villa tenía 990 vecinos y sólo 30 calificados de pobres.

A principios ya del siglo XX, fue cuando la población de El Bonillo quedó estancada, pues resultaba difícil la supervivencia. En los primeros meses de la II República, sus centros obreros fueron clausurados por pequeños conflictos...

En la visita a esta localidad merece la pena visitar:

Ayuntamiento. De noble fachada con dos arquerías superpuestas, la inferior de cuatro arcos y la superior de ocho. A la derecha de la fachada hay un escudo de piedra de la villa. Es obra del siglo XVI, dentro del estilo vandelviresco. Se encuentra situado en la Plaza Mayor.

Iglesia parroquial de Sta. Catalina. Obra del siglo XVIII, construida sobre otra anterior del siglo XVI. Se bendijo la primera piedra de esta iglesia en 1.699. Su planta es de salón con pilares de planta cuadrada y cúpula de crucero. Su torre presenta una ventana plateresca, de gran interés aunque muy deteriorada. En el interior, la escalera muy original responde al modelo del "caracol de Mallorca", en ella debió intervenir Jerónimo Quijano.

Posee un magnífico retablo barroco que se alza majestuoso con la imagen Santa Catalina como eje acompañada de San Juan y Santa Lucía, construido en el siglo XVIII. Es del tipo de gran cascarón semicircular sobre cuerpo con columnas salomónicas y estípites. Tiene a ambos lados otros dos retablos que lo ayudan a embellecer, el de la derecha dedicado a San José y el de la izquierda a la Virgen.

Museo Parroquial. Situado en el interior de la parroquia de Santa Catalina. Alberga obras de enorme interés como el Cristo abrazado a la Cruz de El Greco, un cuadro relativo al Cristo de los Milagros de Vicente López, un San Pedro y un San Vicente Ferrer de estilo barroco atribuidos a Ribera.

Rollo o Picota. Es una construcción de piedra de forma cilíndrica de unos 5 metros de altura, 2 de anchura y un peso de 6.230 kilos, fechada en 1.538 y que representa el símbolo de su propia jurisdicción. Se encuentra a las afueras del pueblo en el cerro de San Cristóbal.

Capilla del Cristo de los Milagros. Pequeña capilla situada en la calle del Cristo en la que según cuenta la tradición el Cristo hacía milagros. Se piensa que puede ser del año 1.640. Las dimensiones de la capilla son reducidas.

Libro y Privilegios de la Villa. Incunable de 1.487, se trata de un códice de las Cortes de Aragón. Además también aparecen los Libros de Privilegio de la Villa de 1.532 a 1.538. Se conservan en el ayuntamiento.

Ermita de Santa Ana. Son unos sólidos restos totalmente abandonados. Se piensa que pueden ser de origen románico, posiblemente del siglo IX. Situada a las afueras del pueblo en dirección Munera.

Casa Palacio de Sotuélamos. Es una impresionante mansión rodeada de gran cantidad de jardines, situada en la pedanía de Sotuélamos y mandada construir por Alberto Bosch y Funtesgarra en la segunda mitad del siglo XIX.

Antigua iglesia de San Miguel. Se encuentra a 6 kms. en dirección a Lezuza. Sólo queda una pared y la casa redonda, antiguo albergue para arrieros.

Arquería y Rejería. Por toda la población hay una gran cantidad de arcos y adornos, sobre todo en las puertas todas ellas pertenecientes al siglo XVII y XVIII, al igual que en las fachadas puede contemplarse numerosos ejemplos de rejería artesana tradicional.

 
 

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